Antonio Pedone nació en Calatafimi, provincia de Trapani, Italia, el 4 de noviembre de 1899. Siendo un niño emigró a la Argentina con su familia, radicándose en Córdoba, donde Antonio mostró una temprana vocación artística. Ingresó a la Academia Provincial de Bellas Artes, teniendo entre sus maestros a Emilio Caraffa. En 1918, con solo 17 años, recibe el título de Profesor de Dibujo y Pintura, realiza su primera exposición individual en el Salón Fasce de la ciudad de Córdoba y realiza su primer envío al Salón Nacional, donde es aceptado.
Son años de búsqueda: el contacto con reproducciones de obras de Giovanni Segantini, maestro italiano del paisaje, lo llevan a incursionar en el divisionismo, técnica con que pinta la obra que merece el premio para extranjeros en el Salón de 1920.
En 1922 se nacionaliza argentino y al año siguiente el gobierno de Córdoba le concede una beca de estudios. Durante tres años recorre España, Italia y Alemania acompañado de sus comprovincianos José Malanca y Francisco Vidal. Curiosamente el conocimiento directo de la obra de Segantini lo lleva a abandonar la técnica que de él había asimilado. Pinta entonces al plain air con materia abundante y pincelada amplia.
A su regreso a la Argentina continúa sus envíos todos los años al Salón Nacional (solo estuvo ausente en 1925), recibiendo en 1930 el Primer Premio. La obra expuesta en esa oportunidad es una naturaleza muerta. Esta temática y la fauna cordobesa que incorpora al paisaje serán una constante en su producción a su vuelta de Europa.
Dijo de él el gran crítico José León Pagano: “El tema en sí mismo y como tal, no le atrae ya ni le importa. Inquiétale, sí, el motivo pictórico, el problema cromático, el asunto efectivo de toda pintura considerada como puro valor estético… Hace a la vez pintura de atmósfera y de volumen. Es enérgico, construye con luz, pero no renuncia a la consistencia de peso y volumen… Hace pintura de calidad y la hace con una ciencia bien adquirida. No se repite. la diversidad alude en él a la riqueza. El asunto –paisaje, fauna, flores, fruta, cerámica, cristales – multiplica su visión y acrece su lenguaje, así como extiende los registros de su escala cromática. El colorista, el hombre de retina sensible también da curso a una vena abundante en las naturalezas muertas y en los bodegones.”
Desde 1931 hasta 1951 fue profesor en la Escuela Provincial de Bellas Artes y también por largos años (1930 – 1946) fue director del Museo Provincial de Bellas Artes, que hoy lleva el nombre de su maestro “Emilio A. Caraffa” y que atesora una bellísima colección de sus obras.
Su esmerada dedicación a la docencia y al desarrollo de las artes plásticas en su tierra de adopción, lo convierten en una gran figura dentro de la historia del arte cordobés, así como la temática de sus obras lo definen, sin dudas, como un pintor serrano…
Falleció en Córdoba en junio de 1973.