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Nacido en Mendoza y radicado en París hace 50 años, Julio Le Parc es uno de los grandes artistas argentinos que incursionó en el arte cinético. El movimiento de Arte Cinético se inicia en París hacia 1955 y la galería Denise René era la principal promotora del arte geométrico y el arte cinético. La dueña era una mujer que hacía sombreros y era la mejor amiga de Víctor Vasarely (1906-1997, el artista más importante de la corriente. Movimiento (real u óptico) y transformación son las características principales, que se producen cuando el observador cambia el ángulo de visión de la obra.

En 1958 se realizó una exposición del húngaro Vasarely en nuestro Museo Nacional de Bellas Artes, que ha impactado en los jóvenes artistas argentinos.

Innovadora y audaz, en la obra de Le Parc se utilizan elementos que sorprenden o que sugestionan a la mirada. Le Parc busca involucrar absolutamente al espectador dentro de la obra. Para todo ello recurre a iluminaciones artificiales, efectos especulares, reflejos y movimientos; por ejemplo con bandas mecánicas que se mueven por dispositivos mecánicos ocultos, el fluir de líquidos fosforescentes, el movimiento de hilos de nylon, sus esculturas en ciertos casos son genuinas instalaciones que envuelven a los espectadores.

Nació en Mendoza, el 23 de septiembre de 1928, segundo hijo de una familia obrera, su padre era ferroviario. A los 14 años se mudó con su familia a Buenos Aires y comienza a trabajar como aprendiz en una fábrica de marroquinería, al que seguirán otros trabajos. Por las noches y en momentos libres se dedica a su verdadera vocación: el arte.

Estudió en la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y desde 1957 se inclina por el arte abstracto. En 1958, gracias a una beca del gobierno francés se instala en París, donde en 1960 funda el GRAV (Groupe de Recherche d’Art Visuel -Grupo de Investigación de Arte Visual).

Es en los 1960 que Le Parc puede ser considerado tanto dentro del conjunto llamado Op-art como del arte cinético, e incluso del arte conceptual, aunque él intenta transcender tales movimientos y hace, principalmente, un arte experimental. Aunque no le gusta mucho la calificación de “arte”, él prefiere definir lo que hace como “una simple actividad humana”

Premiado en Europa y en nuestro país, en 1966 fue consagrado, nada menos que con el Gran Premio Internacional de Pintura en la Bienal de Venecia. Ese mismo año el GRAV realiza “Una jornada en la calle”, en diferentes puntos de la ciudad de París, y Le Parc expone en forma individual por primera vez en New York. El mendocino triunfaba como artista universal. En 1968 se disolvió el GRAV.