Antonio Berni fue el artífice de esta Obra realizada en Santiago del Estero, a donde supo viajar frecuentemente durante la década del 50. Allí visita a su amigo Spilimbergo, quien era Director del Instituto Superior de Bellas Artes de Tucumán. Como era su costumbre Berni toma infinidad de fotografías: agricultores, mujeres de rasgos indígenas, hacheros, que le sirven como documento para la realización de sus obras. Aborda también el agreste y desértico paisaje santiagueño, en el que abundan los cardos, cactus y árboles de madera dura, como los de esta obra.
Antonio Berni nació en Rosario, provincia de Santa Fe, el 14 de mayo de 1905. A los 10 años de edad comenzó a recibir clases de dibujo en un taller de vitrales, donde trabajó como aprendiz. También estudió pintura en el Centro Catalá, con el maestro Eugenio Fornells, quien en 1920 organizó la primera exposición del precoz pintor de 14 años, en el Salón Witcomb de Rosario. Sus paisajes del campo santafesino y retratos al carbón cautivaron a la prensa local, quienes no dudaron en calificarlo como un niño prodigio.
En 1925, gracias a una beca otorgada por el Jockey Club de Rosario, viajó a Europa. En París tomó contacto con otros artistas argentinos: Spilimbergo, Forner, Bigatti y Basaldúa, entre otros. También frecuentó a Max Jacob, quien lo introdujo en la técnica del grabado, y a los surrealistas, que influyeron notablemente en sus obras y en su postura ideológica.
En 1930 regresó a la Argentina, instalándose en Rosario. Continuó con sus exposiciones, que ahora tomaron un carácter surrealista y de vanguardia. Tras su contacto con el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, Berni llevó las denuncias sociales a la tela. En 1936 se instaló en Buenos Aires. En la década del ’60 inició una serie de collages que tienen a Juanito Laguna y Ramona Montiel como protagonistas. Berni incursionó también en la técnica de la tapicería, del fotomontaje y de las instalaciones. A la edad de 76 años, fallece en Buenos Aires, el 13 de octubre de 1981.