Daniel Kaplan nació en Buenos Aires el 5 de febrero de 1965, sus padres Sara y Mario apoyaron siempre su vocación artística. Desde los 10 años concurrió a talleres infantiles de dibujo y en 1979 ingresó al taller del maestro Alfredo De Vicenzo, con quien durante 5 años aprendió la técnica del grabado en aguafuerte.
En 1983 ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón”, de la cual egresó cuatro años más tarde con el título de Profesor Nacional de Escultura y dibujo. Continuó luego sus estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes “Ernesto de la Cárcova”, donde tuvo como maestros a Juan Carlos Distéfano y Guillermo Roux.
En 1995 obtuvo la Beca Fullbright, otorgada por el Fondo Nacional de las Artes, con la que al año siguiente viajó en New York. Luego de un año de intenso trabajo recibió una invitación para desempeñarse como docente y artista residente en Altos del Chavon School of Design de la República Dominicana. No fue un mero turista, buscó conocer el pueblo y sus raíces, vivió junto a los campesinos como uno más de ellos, y esa serie maravillosa fue expuesta en Santo Domingo, en San Juan de Puerto Rico y en New York.
Allí, en una galería del Soho neoyorquino, encontré a Daniel, y grande fue mi sorpresa al conocer que era argentino, pues yo lo había relacionado a algunos pintores norteamericanos como Sloan, Bellows o Hopper, el mayor pintor de los ciudadanos de New York.
Daniel me confirmó su admiración por esos pintores realistas, y me dijo que soñaba con una fusión sureña que incluyera también su pasión por la obra de Cándido López, los reflejos luminosos de Fortunato Lacámera, las terrazas de Lino Spilimbergo…
Me contó también que durante ese último tiempo había redescubierto el tango y su predilección por la música de Pugliese, De Caro, Mores, Piazzolla. Yo lo impulsé entonces a fusionar todo eso que tanto le gustaba en un nuevo estilo de pintura tanguera que dejara de lado todo estereotipo conocido. Así nacieron las primeras pinturas de la milonga.
Lo convoqué a retornar al país y participar de la Mega Exposición “Tango” que hicimos en el Palais de Glace en 1997. Se convirtió en un fanático del tango y es un habitué de todas las “milongas” porteñas, que luego recrea en sus obras.
Desde 1999 vive en Mar del Plata, en medio del Bosque Peralta Ramos y expone en Buenos Aires cada dos años.