En sus pinturas aparece un espacio escenográfico propio de toda una postura pictórica de los años ’80 y ’90. Ese espacio actúa como ámbito de una metáfora existencial del hombre de nuestra época, que aparece empequeñecido, como fuera de escala. Las figuras, construcciones arquitectónicas, escaleras, objetos diversos, están como componiendo una escena, con mucho de teatralidad.
Claudio Gallina nació en Palermo Viejo, el 9 de mayo de 1964. Dice que viene de una familia de barrio, de “laburantes”, y que el arte no entraba dentro del esquema de vida, por eso nunca pensó en ser pintor o dibujante.
Realizó sus estudios secundarios en una escuela técnica y se recibió de Maestro Mayor de Obras. Su creatividad en el diseño de espacios, no lo llevó a la construcción de casas reales, de ladrillos y cemento, sino a crear espacios en otra dimensión… al mundo de la escenografía. Recuerda Claudio: “cuando quise estudiar seriamente escenografía, fui a averiguar y me mandaron a la escuela de bellas artes.” Es por eso que ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes Priliadiano Pueyrredón y la pintura finalmente fue el camino elegido. También estudió con el Profesor Lerchundi, escenógrafo y vestuarista del Teatro Colón y concurrió a los talleres de Osvaldo Attila, Cristina Santander y Armando Sapia, entre otros. “Osvaldo Attila fue mi gran maestro, él me enseñó todo lo que de pintura yo sé. Y después el camino es individual de cada uno…”, dice el artista.
Desde 1989 expone en el país y en el exterior, mientras trabajaba en Colección Alvear de Zurbarán: “yo no vivía de la pintura pero estaba haciendo lo que más me gustaba que era estar rodeado de obras de arte. Ahí aprendí muchísimo, todo lo que está detrás de la pintura, todo lo que no es directamente pintar un cuadro… Yo estuve 7 años ahí adentro colgando obras de colegas y otros grandes pintores, muchas veces hice el juego de colocar durante unos segundos una de mis obras, para soñar como se vería allí una muestra mía…” y el sueño se hizo realidad en 1998 cuando inaugura una exposición individual en esas salas y él mismo realiza el montaje de sus propias obras.
En 2005 expuso en el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires una serie donde analiza uno de sus temas preferidos: la educación y la niñez.
Las obras de Gallina reflejan un mundo muy particular, con una gran carga de teatralidad, una obra donde los actos y las escenas se van reproduciendo en un mismo escenario y no indican una secuencia a seguir, sino que cada uno puede “leerla” y detenerse en cada uno de los personajes, recreando, inventando, continuando esa historia que el artista plantea… Lo importante de la obra de arte no es lo que el artista le quiso contar a usted, sino lo que usted entiende que le contó el artista. Plantea Claudio: “mi búsqueda está en la luz, en el clima, en la sugerencia, en la sutileza; el cuadro generalmente no lo termino, si el cuadro se termina es como que uno cuenta todo, y al espectador no le queda nada por descubrir. Lo interesante es que el espectador termine el cuadro…”