Oscar Campos ocupa un merecido lugar en ese capítulo tan particular del mundo del Arte que los americanos llaman “Wild Animal Paintings”. El tema de sus obras es la fauna de la Patagonia, pinta las aves y los mamíferos en su hábitat, los rincones del bosque o la montaña, donde la naturaleza aún no ha sido alterada, llevando a la tela con rigurosa precisión cada detalle de su anatomía.
Oscar Campos nació en 1964 en Cutral Co, provincia de Neuquén. Allí vive y trabaja, en el hogar que comparte con su esposa y sus hijos. Comenzó a dibujar desde muy pequeño y a los 16 años, descubrió su vocación al conocer las obras del genial maestro cordobés Axel Amuchastegui, a través de reproducciones publicadas en una revista. Quiso entonces como él ser un pintor animalista, “capaz de pintar pelo a pelo la cabeza de un jaguar”. Un dinero reunido por sus amigos, le permitió costearse el viaje a Buenos Aires y conocer a su admirado pintor, quien con total generosidad lo inició en los secretos del oficio.
Humilde y agradecido, aún recuerda la emoción que sintió, cuando en la Feria del Puestero de San Martín de los Andes, vendió su primer cuadro por sólo 20 pesos. Llegaron luego sus exposiciones en Buenos Aires, en las cuales los visitantes se disputan la compra de sus obras, y sus muestras en el exterior.
Equipado con lápices, colores y su cámara fotográfica recorre la cordillera, en busca de sus fugitivos modelos. Luego recrea los apuntes en el taller, con dibujo ajustado y paleta diáfana. Su deseo de fidelidad le exige un gran esfuerzo, tan solo diez obras son el trabajo de todo un año, que pinta con la técnica del “pincel seco” (cargado con muy poca materia), que domina a la perfección. Sin embargo, lejos de la frialdad científica, su vocación documentalista armoniza con una actitud celebrativa, de alabanza y acción de gracias al Creador.