Dijo Ana: “Cada cuadro contiene muchas historias. Desde muy chica siempre he sentido que vivo detrás del lente de una cámara. Creo que ese es un truco que uso para sobrevivir. Para mí, dibujar es como respirar, es lo único que hago”.
Nacida en Buenos Aires, estudió en las escuelas de Bellas Artes Manuel Belgrano y Prilidiano Pueyrredón, de donde egresó en 1967. En los años ochenta sus figuras son grotescas y parecen como dibujos expresionistas coloreados, nos recuerdan a la serie sobre Chesterton que realizara hace algunas décadas Leopoldo Presas. Sus personajes también nos remiten, por la paleta y las formas, al fabuloso holandés Kess Van Dogen. Trabaja con manchas de color y luego define sus personajes con grafismo y rápidos trazados, a veces directamente del pomo.
Realizó una importante retrospectiva que abarcaba doce años de su obra, en junio de 1984 en la desaparecida Fundación San Telmo. Allí la presentaba con un importante texto Samuel Paz, que nos habla de la “Sorda ironía de sus obras…del absurdo expresado con cuidadosa disciplina y nos habla de las imágenes angustiadas de sus personajes…”
En 1985 fue seleccionada para participar en la Bienal de San Pablo, y un año antes, había participado de la Primera Bienal de Artes Visuales de La Habana. Ha expuesto también en Londres, La Haya, Lima, Boca Ratón, Santiago de Chile, Long Beach, Quito y Houston.
A mediados de los 90, realiza algunos collages, conformados con pequeños dibujos que Ana plasmó en agendas o tacos de papel. En ellos la imagen se mezcla con el texto. Sus obras de la última década hablan de figuras más refinadas y no tan angustiadas, sobre un fondo que parecen pequeños sellos o grabados. El hombre es el centro de su atención, trabaja rápidamente y sus figuras se plantan armónicamente en el lienzo. Su obra jamás podrá pasar inadvertida, por su carácter y vigor.
El profundo Albino Dieguez Videla, nos decía en junio de 1989: “Está Eckell en el rumbo de una Raquel Forner y la considero su heredera… es una observadora feroz comprometida, con estos años difíciles; es juez y parte… única y rebelde; única y serena; única y desgarrada.”
En junio de 2002, presenta en el Centro Cultural Recoleta, una muestra titulada “La Voz en el Agua”, en dónde se condensan veinte años de creación y evolución permanente de la artista. No faltan en las obras de los últimos años, la inclusión experimental de instalaciones y pequeños objetos a modo de tótems que se escapan de sus obras.
Vive y trabaja en el Barrio de Palermo, en Buenos Aires, en donde logró fusionar su casa y su taller como sólo un artista puede hacerlo: Me gusta la música, pero a veces necesito la nada, el silencio total porque cuando pinto, suspendo el pensamiento y la pintura se convierte en una especie de meditación.”
Ana ha cosechado numerosísimos y valiosos premios: Gran Premio de Honor del Salón Nacional de Dibujo, el Primer Premio Municipal de Dibujo (1996), Primer Premio “Constantini” (1997), entre otros. En 2002 fue invitada al Premio Latinoamericano de Pintura Enersis, Santiago de Chile y se le otorga una Mención Honrosa.