Entre el realismo del siglo XIX y los impresionistas se encuentra la figura de Manet, que era idolatrado por sus colegas impresionistas, pero nunca perteneció ni expuso con el grupo. Siempre buscó la consagración y el reconocimiento a través de lo que se llamaba el “arte oficial” que significaba triunfar en los salones anuales de la Ciudad de la Luz. Decía que el mayor pintor de la historia era don Diego de Silva y Velázquez, y coincidimos con él. Viajó a España durante tan solo diez días pero la pintura hispana caló fuerte en sus entrañas. Baudelaire y Zola, los grandes escritores de la época, fueron sus amigos y lo admiraban.

La nota completa escrita por Ignacio Gutiérrez Zaldívar pueden leerla en El Cronista.

Fotos:

Autorretrato, 1878/79.

El balcón, 1868/69.

Un bar en el Folies-Bergér, 1882.